Del 25 de febrero al 4 de marzo, Hydratis se instala al pie de las pistas de La Plagne con un dispositivo inédito: el Winter Lab, un espacio enteramente dedicado a la prevención y a la optimización de la hidratación en altitud.
Si la montaña evoca espontáneamente el aire puro, el rendimiento y el esfuerzo, también es un entorno fisiológicamente exigente. El frío, la altitud, el aire seco y la actividad física combinan sus efectos y aumentan las pérdidas hídricas, a menudo sin que usted sea plenamente consciente de ello.
A través de esta activación sobre el terreno, Hydratis desea volver a situar la hidratación en el centro de su experiencia en la estación.
El Winter Lab Hydratis: un enfoque científico al pie de las pistas

Para concienciar a los turistas de manera concreta, Hydratis instala en La Plagne un espacio experiencial enteramente dedicado a la hidratación.
El Winter Lab ofrece un espacio de degustación que permite descubrir los diferentes sabores de la gama. El objetivo es fomentar una hidratación regular, práctica y adaptada a las condiciones invernales.
También se ofrece un espacio de prueba de hidratación personalizada con cita previa. Acompañados por el equipo científico de Hydratis, los participantes pueden medir su nivel de hidratación corporal y comprender mejor sus necesidades individuales. Este enfoque pedagógico permite transformar datos teóricos en información concreta y personalizada.
Conferencias y actividades deportivas completan el dispositivo, en particular una intervención sobre la importancia de la hidratación en altitud impartida por Jonathan Lamy (monitor ESF, bombero y alpinista), así como una salida guiada con raquetas de nieve para experimentar el esfuerzo en condiciones reales.
Por último, un espacio social permite compartir estas experiencias y ampliar la sensibilización en torno a los retos de la hidratación en invierno.
¿Por qué nos deshidratamos más rápido en altitud?
A partir de los 1500 metros de altitud, su organismo debe adaptarse a varias limitaciones fisiológicas.
La disminución del oxígeno provoca un aumento de la frecuencia respiratoria. Cada ciclo ventilatorio adicional incrementa las pérdidas hídricas por vía respiratoria. El aire frío y seco de las estaciones de esquí acentúa aún más este fenómeno (Sawka MN et al., 2000).
La altitud también estimula la diuresis llamada «diuresis de altitud», un mecanismo adaptativo que aumenta la eliminación de agua y de electrolitos. Por lo tanto, pierde más líquidos, aunque no tenga la sensación de sudar (Schmidt et al., 1997).
En invierno, interviene un factor adicional: la sensación de sed puede disminuir hasta un 40 %. En otras palabras, la señal fisiológica que se supone debe incitarle a beber se vuelve menos fiable, mientras que sus necesidades aumentan (Kenefick RW et al., 2004).
Resultado: la deshidratación corre el riesgo de instalarse de forma progresiva y a menudo silenciosa.
Ahora bien, una pérdida hídrica correspondiente a solo el 2 % del peso corporal ya puede provocar una disminución significativa del rendimiento físico, que puede llegar hasta el 20 %, así como un aumento de la fatiga, los dolores de cabeza y del malestar general (Cheuvront SN & Kenefick RW, 2014).
¿Qué cantidad de agua hay que beber en la montaña?
Las necesidades hídricas varían en función de la altitud y del nivel de actividad (Butterfield GE et al., 1992).
Entre 1500 y 2500 metros, se recomienda un aporte diario de aproximadamente 2,5 a 3 litros de agua para una persona poco activa. En caso de actividad física regular como el esquí, el senderismo o el snowboard, estas necesidades aumentan.
Por encima de los 2500 metros, se aconseja apuntar a 3 a 4 litros al día, o incluso más si el esfuerzo es intenso o prolongado (Hannon JP & Sudman DM, 1973 ; Wagner PD et al., 1986).
Más allá de los 4000 metros, especialmente en alpinismo, las necesidades pueden alcanzar de 4 a 5 litros diarios (Pugh LGCE, 1964)
Estos aportes deben repartirse a lo largo de todo el día para mantener un equilibrio hídrico estable y limitar las fluctuaciones importantes del volumen plasmático.
Por qué los electrolitos desempeñan un papel clave en altitud
La hidratación no se resume únicamente al volumen de agua consumido. Las pérdidas relacionadas con la altitud y el esfuerzo también afectan a los electrolitos, en particular el sodio, el potasio y el magnesio.
Estos minerales participan en el equilibrio hídrico, la transmisión nerviosa y la función muscular. Su presencia favorece una absorción eficaz del agua a nivel intestinal, mediante mecanismos de cotransporte sodio-glucosa, y contribuye a una mejor distribución de los fluidos en el organismo (Jeukendrup AE & Moseley L, 2010).
En la montaña, donde las pérdidas son mayores y las sensaciones a veces engañosas, el aporte de electrolitos se convierte en una palanca estratégica para sostener una hidratación realmente funcional.
Hydratis: una marca comprometida con una hidratación mejor comprendida

Creada en 2019, Hydratis se ha fijado la misión de democratizar una hidratación más eficaz y más consciente.
Ante la constatación de que cerca de 4 de cada 5 franceses no beben suficiente agua (Estudio IFOP para Hydratis, abril de 2025), la marca desarrolla soluciones adaptadas al día a día, pero también a situaciones específicas como el esfuerzo, el calor, los viajes o la altitud.
Las pastillas Hydratis combinan electrolitos y oligoelementos, entre ellos magnesio, potasio, zinc y manganeso, con el fin de apoyar el equilibrio hidroelectrolítico y optimizar la absorción del agua.
Presente en más de 11 800 farmacias y utilizada por varios millones de personas en Francia, Hydratis prosigue su compromiso sobre el terreno yendo al encuentro de los practicantes en entornos exigentes como la montaña.
En invierno, la hidratación sigue siendo una prioridad
Contrariamente a las ideas preconcebidas, el riesgo de deshidratación no desaparece con el frío. Simplemente se vuelve menos perceptible.
Entre la altitud, el aire seco, el aumento de la ventilación y la disminución de la sensación de sed, la montaña constituye un entorno donde el equilibrio hídrico se pone a prueba.
Integrar un reflejo de hidratación regular, adaptado a su nivel de actividad y a la altitud, es un factor determinante para preservar su energía, su confort y su recuperación.
Con el Winter Lab en La Plagne, Hydratis recuerda que la hidratación es un pilar del rendimiento y del bienestar, tanto en verano como en invierno.
Bibliografía
Bestle, M. H., et al. (2002). Effects of altitude on renal function. High Altitude Medicine & Biology, 3(4), 463–470. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9630589/
Butterfield, G. E., Gates, J., Fleming, S., Brooks, G. A., Sutton, J. R., & Reeves, J. T. (1992). Increased energy intake minimizes weight loss in men at high altitude. Journal of Applied Physiology, 72(5), 1741–1748. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/1601781/
Cheuvront, S. N., & Kenefick, R. W. (2014). Dehydration: Physiology, assessment, and performance effects. Comprehensive Physiology, 4(1), 257–285. https://docs.google.com/document/d/1r9m7OLHZh-9604KpDfwHLf5zRSAD6dj2V242-E54hzY/edit?tab=t.0
EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA). (2010). Scientific Opinion on Dietary Reference Values for water. EFSA Journal, 8(3), 1459. https://efsa.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.2903/j.efsa.2010.1459
Hannon, J. P., & Sudman, D. M. (1973). Respiratory water loss at high altitude. Respiration Physiology, 18(2), 204–212. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21465907/
Kenefick, R. W., St Pierre, A., Riel, N. A., Cheuvront, S. N., & Sawka, M. N. (2004). Hypohydration and thirst in the cold. Journal of Applied Physiology, 97(6), 1952–1957. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15045503/
Pugh, L. G. C. E. (1964). Water balance in climbers on Mount Everest. Nature, 202, 436–438. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8656231/
Sawka, M. N., et al. (2007). American College of Sports Medicine position stand: Exercise and fluid replacement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 39(2), 377–390. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17277604/
Schmidt, W., et al. (1997). Effects of high altitude on renal function. European Journal of Applied Physiology, 75(5), 436–442. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36338473/
Wagner, P. D., Gale, G. E., Moon, R. E., Torre-Bueno, J. R., Stolp, B. W., & Saltzman, H. A. (1986). Pulmonary gas exchange at high altitude. Journal of Applied Physiology, 61(1), 260–270. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/3090012/
Westerterp, K. R., Meijer, E. P., Rubbens, M., Robach, P., & Richalet, J. P. (1992). Operation Everest III: energy and water balance. Journal of Applied Physiology, 73(5), 2086–2092. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10678746/
Wright, E. M., Loo, D. D. F., & Hirayama, B. A. (2011). Biology of human sodium glucose transporters. Physiological Reviews, 91(2), 733–794. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21527736/