I- ¿Cuáles son las ventajas de una buena hidratación?
Las dos terceras partes del organismo están compuestas de agua. Esto significa que para un peso de aproximadamente 70 kilos), el cuerpo humano contiene alrededor de 46 litros de agua. Cerca del 70 % del agua está contenida en las células, el 20 % en el espacio que rodea las células y un poco menos del 10 % en la circulación sanguínea. El agua es esencial para el mantenimiento de la salud del organismo.
Cuando la cantidad de agua consumida corresponde a la cantidad excretada, las reservas de agua del organismo están bien equilibradas. Si goza de buena salud y no transpira de forma excesiva, debe beber al menos de 2 a 3 litros de líquidos al día (aproximadamente 8 vasos de agua) para mantener su equilibrio hídrico y protegerse contra ciertas complicaciones, como la formación de cálculos renales.
Además, el agua mejora su concentración y su memoria. En efecto, gracias al agua, el sistema nervioso crea conexiones y permite mejorar nuestras capacidades mentales y cognitivas. Nuestro cerebro puede entonces trabajar de manera más eficaz y estimular nuestra memoria y nuestras neuronas.
Beber agua permite eliminar las toxinas y acelerar la renovación de las células, lo que impulsa la circulación sanguínea y los buenos intercambios en el organismo. Los malos intercambios y una mala circulación de la sangre son vectores de enfermedades y favorecen la aparición de la celulitis. ¡El agua ayuda a evitarlo!
II- ¿Cuáles son los signos de la deshidratación?
La deshidratación:
Una deshidratación puede producirse cuando el aporte de agua del organismo es insuficiente.
La deshidratación no es “una enfermedad” propiamente dicha, se trata de un estado fisiológico con consecuencias más o menos importantes. Este estado fisiológico resulta entonces de una disminución considerable de líquido dentro del organismo. La deshidratación puede deberse a una malnutrición, a una diarrea importante o a causa del calor especialmente en verano. Este líquido, en cantidad inferior a la normal, en el caso de un estado de deshidratación, se compone esencialmente de agua y sales minerales.
La deshidratación puede afectar a todo el mundo, pero se debe prestar especial atención a los niños pequeños así como a las personas mayores.
Las causas de la deshidratación
Las diarreas, principales consecuencias de la deshidratación, son causadas por:
- una falta de higiene;
- una malnutrición, especialmente en lo que respecta a los alimentos "ricos en agua";
- un contacto y/o una hidratación con agua contaminada.
Este estado de deshidratación puede afectar a todo el mundo, cualquiera que sea la edad, el sexo o incluso el lugar de residencia. No obstante, las personas mayores, así como los niños y los lactantes, son categorías de personas que deben considerarse con mayor atención. En efecto, en lo que respecta a las personas mayores, estas a veces tienen más dificultad para hidratarse regularmente, sobre todo en periodos de mucho calor. En cuanto a los niños, en periodo de crecimiento, las consecuencias de la deshidratación son más graves que en el adulto. En este sentido, favorecer la hidratación en estas categorías de personas es imprescindible.
Cuando las diarreas no se atienden inmediatamente, estas pueden resultar peligrosas. En efecto, la pérdida de agua y de sales minerales puede provocar consecuencias nada desdeñables en el funcionamiento del organismo (órganos vitales, músculos, cerebro, etc.), y aún más en el niño en pleno crecimiento o en la persona mayor, cuyo organismo está debilitado.
Para evitar el agravamiento de una deshidratación, es importante mantener una hidratación considerable, es decir, cerca de 1,5 L de agua al día.
Los síntomas de la deshidratación:
La deshidratación se manifiesta a través de ciertos signos específicos, en particular:
- una menor necesidad de orinar;
- la ausencia de lágrimas;
- La boca seca , la lengua seca, los labios y la piel resecos;
- una piel "grisácea";
- un hundimiento de la fontanela (parte blanda del cráneo del lactante);
- Diarreas, vómitos, son los signos más demostrativos.
Otros síntomas también pueden acompañar este estado diarreico: fiebre, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, dolor de vientre o incluso calambres abdominales.
La presencia de sangre en las heces da testimonio de una deshidratación importante, se trata del estado más alarmante.
Las pruebas que deben realizarse para diagnosticar una deshidratación:
La prueba 1. Pellizcar la piel
La falta de hidratación afecta la textura y la elasticidad de la piel. Está compuesta por aproximadamente un 30% de agua. Para saber si la piel contiene suficiente líquido, pellizque la piel del dorso de su mano, entre el pulgar y el índice. Si la piel vuelve a su lugar directamente después, eso indica una humedad y una elasticidad suficientes. Si tarda medio segundo o más antes de que la piel recupere su forma inicial, eso puede ser un signo de deshidratación. Cuando el cuerpo detecta una escasez de agua, esta se extrae de la piel para permitir que los demás órganos funcionen. Esto vuelve la piel rígida y puede hacer que se sienta fresca y húmeda.
La prueba 2. Cambio de orina
Otra señal de alarma es la orina. Por ejemplo, el color ya dice mucho sobre el estado de hidratación de su cuerpo. L'orina oscura o de color miel es un signo de posible deshidratación. La orina se compone tanto de agua como de desechos que deben ser eliminados por el cuerpo. En un cuerpo bien hidratado, la orina se vuelve de color amarillo pálido y es inodora. Orinar con poca frecuencia también puede indicar una deshidratación.
¿Cómo solucionarlo?
Si la deshidratación es leve, el simple hecho de beber agua corriente puede ser suficiente. En cambio, si se ha producido una pérdida de agua y de electrolitos, también hay que reemplazar las sales (más particularmente el sodio y el potasio). Se puede disponer de una serie de bebidas comerciales que han sido elaboradas con el fin de permitir reemplazar las sales (electrolitos) perdidas durante ejercicios vigorosos o durante enfermedades.
Hydratis ofrece este tipo de bebidas salvadoras . Al consumir estas bebidas, se puede prevenir la deshidratación o tratar una deshidratación leve. El procedimiento es muy simple: basta con introducir las pastillas efervescentes en un gran vaso de agua y luego beberlo . Esto debe hacerse hasta 2 o 3 veces al día según la necesidad para optimizar la hidratación.
El hecho de beber muchos líquidos y tomar un poco de sal adicional durante o después de los ejercicios o en el transcurso de enfermedades también será eficaz. Si la deshidratación empeora y la presión arterial baja lo suficiente como para provocar un estado de shock o casi, se trata entonces de una situación de urgencia que exige atención médica inmediata. En un caso tan grave, podrá administrarse una solución intravenosa que contenga cloruro de sodio.
La causa subyacente de la deshidratación siempre debe tratarse. Por ejemplo, si la diarrea es la causa, la toma de medicamentos que curen o detengan la diarrea también podría resultar necesaria. Una vez tratada la causa de la deshidratación, deberá ser supervisado para asegurarse de que bebe suficientes líquidos para mantenerse hidratado. Su médico podría estudiar su función renal para asegurarse de que sus riñones funcionan adecuadamente cuando toma cantidades normales de líquidos.
En presencia de síntomas de deshidratación en un niño, se debe contactar inmediatamente con un profesional de la salud.
Para prevenir la deshidratación, hay que beber agua, o productos de reemplazo líquidos, en cantidad suficiente cuando las condiciones sean favorables a la deshidratación (por ej. un tiempo caluroso, húmedo o frío, una gran altitud, esfuerzos físicos vigorosos). También es importante evitar las bebidas alcohólicas, o que contengan cafeína, que aceleran la deshidratación al aumentar el flujo urinario. Se recomienda consumir todos los días de 2 a 3 litros (aproximadamente 8 vasos) de líquidos.