Comprender la deshidratación y su relación con las náuseas
¿Qué es la deshidratación?
La deshidratación es una afección en la que el cuerpo carece de agua y minerales esenciales como el sodio y el potasio, necesarios para el buen funcionamiento del organismo. En promedio, el agua representa aproximadamente el 60 % del peso corporal en el adulto. Este líquido interviene en numerosas funciones fisiológicas como el transporte de nutrientes, la eliminación de desechos y la regulación de la temperatura corporal. Cuando el aporte de agua no compensa las pérdidas (sudoración, orina, vómitos, otras situaciones que favorecen la deshidratación, etc.), se produce un desequilibrio que expone al organismo a trastornos más o menos graves.
¿Qué puede provocar náuseas?
Las náuseas provienen de la activación de una zona del cerebro, a menudo en respuesta a trastornos digestivos, infecciones o la ingestión de sustancias irritantes. Cuando se produce la deshidratación, la disminución del volumen sanguíneo y la alteración del equilibrio de los electrolitos pueden alterar el sistema digestivo y el cerebro, favoreciendo así la aparición de náuseas. Los vómitos agravan la pérdida de agua y minerales, creando un círculo vicioso entre deshidratación y náuseas. Las náuseas también pueden estar causadas por el cansancio, trastornos digestivos, enfermedades benignas como la gastroenteritis o enfermedades más graves como la meningitis.
Síntomas de la deshidratación y las náuseas
¿Cuáles son los primeros signos de deshidratación?
Los primeros signos de deshidratación suelen ser la sensación de sed, labios secos, cansancio anormal, dolores de cabeza y náuseas. Pueden aparecer otros síntomas más graves: orina oscura y menos abundante, piel seca, mareos, confusión e incluso trastornos del comportamiento. En caso de deshidratación grave, la presión arterial puede bajar, provocando así vértigos.
Los síntomas específicos según la edad
La deshidratación se manifiesta de forma diferente según la edad. Los niños y las personas mayores están especialmente en riesgo debido a su fragilidad fisiológica.
En el lactante, la pérdida de agua puede ser muy rápida. Los síntomas de deshidratación observables son una fontanela hundida (zona blanda del cráneo), llanto sin lágrimas, irritabilidad y respiración más rápida. En los niños muy pequeños, esta pérdida de agua muy rápida puede llevar a una pérdida de peso del 10 al 15 %.
En las personas mayores, la deshidratación puede manifestarse por orina oscura, vértigos, alteración del apetito y cansancio inusual. Estas personas están especialmente en riesgo porque su sensación de sed es poco marcada, lo que reduce los buenos reflejos de hidratación y puede agravar el estado de deshidratación. Hay que estar aún más atentos a estas personas vulnerables y continuar los esfuerzos de prevención respecto a los riesgos de deshidratación en nuestros mayores.
¿Cómo diferenciar una náusea relacionada con la deshidratación de otras causas?

Para diferenciar una náusea relacionada con la deshidratación de una náusea de otro origen, hay que identificar y analizar los síntomas asociados a estas náuseas y el contexto en el que se presentan. Una náusea debida a la deshidratación suele ir acompañada de signos específicos como sed intensa, boca seca, disminución del volumen de orina (que se vuelve más oscura), cansancio inusual, vértigos o fiebre. Aparece con frecuencia después de una sudoración excesiva, vómitos, diarreas, o una ingesta insuficiente de agua. Por el contrario, si la náusea va acompañada de fiebre, dolores abdominales intensos, diarrea aguda, durante un tratamiento médico adicional, o durante infecciones, es probable que exista otra causa.
Las principales causas de la deshidratación
La deshidratación resulta de un desequilibrio entre los aportes y las pérdidas hídricas. Un consumo insuficiente de agua suele estar en el origen de un déficit hídrico, pero otras causas también pueden provocar deshidratación. La sudoración excesiva, provocada por ejemplo por altas temperaturas o una actividad física intensa, los vómitos o las diarreas provocan la expulsión por parte del cuerpo de agua y sales minerales, causando una falta de hidratación del cuerpo. Algunas enfermedades crónicas (diabetes, insuficiencia renal), la edad, la fiebre, la exposición prolongada al sol o el consumo de alcohol acentúan las pérdidas de agua y minerales y, por tanto, agravan los casos de deshidratación.
Soluciones para reaccionar ante una deshidratación y náuseas
¿Cómo rehidratarse rápidamente?
Para compensar una deshidratación, es esencial beber agua y reintroducir electrolitos (sodio, potasio, magnesio…) en el cuerpo. Las soluciones de rehidratación oral (SRO), disponibles en farmacia, son especialmente eficaces porque contienen el equilibrio adecuado de agua, glucosa y electrolitos necesarios para el organismo. Beber agua sigue siendo una opción básica, pero en caso de pérdidas importantes (gastroenteritis, vómitos, diarrea), se recomienda priorizar las SRO. En caso de déficit hídrico, es importante evitar las bebidas alcohólicas o con cafeína, que aumentan la excreción urinaria y, por tanto, impiden la correcta hidratación del cuerpo. En general, las bebidas alcohólicas deben consumirse con moderación. El abuso de alcohol es peligroso para la salud.
¿Qué beber en caso de náuseas?

En caso de náuseas, algunos alimentos pueden ayudar a aliviar los síntomas. El jengibre y la menta son conocidos por sus propiedades calmantes y ayudan a la digestión. Pueden consumirse en forma de infusiones o té de hierbas. También es esencial mantener una buena hidratación. Priorizar el agua y las bebidas suaves, en pequeñas cantidades pero con frecuencia, ayuda a evitar la deshidratación. Los caldos claros, como el caldo de verduras, se recomiendan porque aportan minerales esenciales y al mismo tiempo son fáciles de digerir.
¿Cómo hidratarse cuando se tienen náuseas?
En caso de náuseas, se recomienda beber a pequeños sorbos, de forma regular, en lugar de grandes cantidades, para no sobrecargar el estómago. También se pueden comer alimentos ricos en agua como la sandía, el pepino, las naranjas o las sopas para ayudar al organismo a rehidratarse correctamente.
¿Cuándo consultar a un médico?
Hay que consultar rápidamente a un médico si la deshidratación empeora. Los signos alarmantes son la confusión, la pérdida de conocimiento, los vómitos persistentes que impiden cualquier hidratación, la fiebre alta o, en los lactantes, una fontanela hundida o llanto sin lágrimas. Las personas mayores y los enfermos crónicos también deben ser vigilados de cerca. Entonces, el médico puede recomendar diferentes tratamientos para ayudar al cuerpo a rehidratarse.
Prevenir la deshidratación y las náuseas
Para prevenir los riesgos de deshidratación y las náuseas, se aconseja adoptar una rutina de hidratación adaptada a las necesidades diarias. Beber regularmente los aportes de agua recomendados (al menos 1,5 L a 2 L para un adulto) es necesario, ajustándolo en función de la edad, la actividad física y las condiciones climáticas. Los productos de hidratación que contienen electrolitos, minerales esenciales para el buen funcionamiento del cuerpo, pueden integrarse en la rutina para optimizar el equilibrio hídrico durante esfuerzos o en caso de calor intenso. Para completar el aporte hídrico, pueden considerarse alimentos ricos en agua (frutas, verduras, sopas).

Bibliografía
Duggan, C., Refat, M., Hashem, M., Wolff, M., Fayad, I., & Santosham, M. (1996). How valid are clinical signs of dehydration in infants?. Journal of pediatric gastroenterology and nutrition, 22(1), 56–61. https://doi.org/10.1097/00005176-199601000-00009