Todos ustedes ya han oído hablar de la deshidratación, pero ¿conocen realmente sus consecuencias? ¿Saben reconocer concretamente los efectos de la deshidratación en su organismo? ¡Vamos a aprender más a través de este artículo!
Es cierto que a menudo se siente sed, pero es importante hidratarse antes de que aparezca, porque ya es señal de deshidratación! Además, esta sensación puede no aparecer en absoluto o desaparecer al cabo de un rato. Por lo tanto, es posible olvidarse de hidratarse; en ese caso, la deshidratación corre el riesgo de agravarse. Por eso, es primordial procurar hidratar bien a los niños y a las personas mayores, especialmente en verano.
Los primeros síntomas suelen ser discretos : dolores de cabeza, fatiga, mareos y confusión. A veces nos damos cuenta de que nos duele la cabeza después de un largo día en el que no nos hemos hidratado, y estas sensaciones desaparecen cuando nos rehidratamos.

La evolución de la curva de peso es muy importante. En efecto, la pérdida de peso es uno de los indicadores de deshidratación que hay que tener en cuenta:
- Una deshidratación leve, correspondiente a una pérdida del 1 al 2 % del peso corporal, provoca una disminución del rendimiento físico y cognitivo que puede ir del 10 al 20 %. La fatiga se instala entonces progresivamente y puede aparecer una sensación de sed, aunque a veces esté ausente. Pueden observarse signos físicos como mucosas secas, ojeras y extremidades frías .
- Una deshidratación moderada, correspondiente a una pérdida del 2 al 4 % del peso corporal, se manifiesta por una fatiga más marcada y una disminución de la vigilancia. La frecuencia cardíaca aumenta para compensar la reducción del volumen sanguíneo, provocando así una taquicardia. La sensación de boca seca se intensifica, la piel se vuelve más apagada y puede aparecer un pliegue cutáneo transitorio al pellizcarla ligeramente.
- Una deshidratación grave, correspondiente a una pérdida del 5 al 8 % del peso corporal, provoca trastornos de la conciencia que pueden ir desde la desorientación hasta la confusión. La disminución del volumen sanguíneo provoca una hipotensión y un mayor riesgo de accidente grave, como un desmayo o una caída. La piel se vuelve seca, los pliegues cutáneos persisten, las mejillas se hunden y la producción de orina disminuye considerablemente (oliguria).
Cuando la pérdida de líquidos alcanza el 8 % o más del peso corporal, la situación se vuelve crítica y representa un caso clínicamente grave. El riesgo de coma es elevado, los órganos comienzan a funcionar mal y las extremidades se enfrían hasta la raíz; es la señal de un shock circulatorio inminente.
¿Qué es la deshidratación?
La deshidratación es el resultado de una pérdida excesiva de agua y de sales minerales no compensada por la ingesta de líquidos. Dado que el agua es indispensable para numerosas funciones del cuerpo, su falta provoca entonces los efectos mencionados anteriormente.
Existen varios tipos de deshidratación: la deshidratación extracelular, la deshidratación intracelular y la deshidratación global (o crónica). Hay efectos comunes a estas deshidrataciones y signos más específicos que permiten distinguirlas.
Sea cual sea su forma, la deshidratación nunca debe tomarse a la ligera. Una hidratación insuficiente puede afectar rápidamente las funciones vitales y poner en peligro su salud.
Causas más frecuentes de la deshidratación
La deshidratación puede tener múltiples orígenes, y sus causas suelen ser similares.
En primer lugar, encontramos las pérdidas renales. Pueden deberse a una diuresis excesiva (volumen de orina evacuado en 24 h), que se observa, por ejemplo, en el caso de la diabetes. Ciertas insuficiencias renales o la toma de diuréticos también pueden provocar una pérdida importante de líquidos.
Las pérdidas digestivas también son una causa frecuente de deshidratación que debe remediarse rápidamente. Las diarreas y los vómitos prolongados provocan una pérdida rápida de agua y electrolitos, que puede llevar a una deshidratación grave si los aportes no se compensan rápidamente.
Las pérdidas cutáneas suelen subestimarse. Sin embargo, la sudoración excesiva durante una actividad física o en tiempo caluroso constituye una causa importante de deshidratación. La fiebre y los golpes de calor también aumentan las pérdidas de líquidos.

Las pérdidas pulmonares, aunque menos visibles, pueden contribuir a la deshidratación, ya que una cantidad de agua se evacua en forma de vapor. Este fenómeno se acentúa en caso de hiperventilación, especialmente durante la práctica deportiva, contribuyendo a la pérdida de agua corporal.
Otros factores externos pueden intervenir en la deshidratación y el consumo excesivo de alcohol es un muy buen ejemplo. En efecto, el alcohol disminuye la eficacia de los riñones, lo que aumenta la frecuencia de la micción para compensar.
¿Cuáles son los síntomas de una deshidratación?
La deshidratación puede afectar a diferentes partes del organismo, provocando síntomas variados según sea extracelular o intracelular.
Síntomas de una deshidratación extracelular
¿Qué es? La deshidratación extracelular resulta de una pérdida de agua a nivel extracelular (plasma y líquido intersticial). Mientras que el volumen de agua intracelular permanece idéntico, se mantiene una presión osmótica extracelular eficaz.
Una deshidratación extracelular se manifiesta inicialmente por una fatiga importante, una falta de apetito y la ausencia de sensación de sed, lo que puede retrasar la ingesta de líquidos y agravar la situación. A diferencia de la deshidratación intracelular, las mucosas permanecen húmedas, pero puede observarse una leve pérdida de peso, debido a la disminución del volumen plasmático.
El examen clínico pone de manifiesto venas periféricas y yugulares planas, así como extremidades frías y descoloridas, lo que refleja una presión venosa central baja. Se produce una hipotensión, provocando mareos y una aceleración del pulso para mantener una perfusión correcta de los órganos. La tonicidad cutánea está alterada, con un pliegue cutáneo persistente, especialmente a nivel del abdomen, de la región subclavicular y de la cara interna de los muslos (sin embargo, este signo puede ser difícil de interpretar en las personas mayores).
Los globos oculares aparecen hundidos, signo de un cierto déficit hídrico. En caso de deshidratación extracelular grave, el estado clínico empeora con una presión arterial muy baja (inferior a 80 mmHg), se observan extremidades frías y la presencia de marmorización en la piel, signos de un estado de shock inminente que requiere atención médica urgente.
¿Cuáles son los riesgos? Una deshidratación extracelular grave puede provocar una caída importante de la presión arterial, limitando el aporte de oxígeno a los órganos y causando un shock hipovolémico. Los riñones, al carecer de agua, reducen considerablemente la producción de orina o corren el riesgo de sufrir una insuficiencia renal aguda. Sin una atención rápida, estas complicaciones pueden poner en peligro la vida. Por eso, le aconsejamos pedir cita rápidamente con un profesional de la salud.
Síntomas de una deshidratación intracelular
La deshidratación intracelular se produce cuando el compartimento intracelular se deshidrata porque hay un aumento de la osmolaridad plasmática (generalmente una concentración excesiva de sodio en la sangre) que el cuerpo ha compensado enviando el agua del compartimento intracelular al plasma para diluir el exceso de sodio y así restablecer el equilibrio hídrico. Esta pérdida de agua intracelular provoca una contracción de las células, afectando especialmente a las del cerebro y los músculos.
Uno de los primeros signos de una deshidratación intracelular es una sed intensa e incontrolable, ya que el cuerpo intenta desesperadamente compensar el déficit hídrico. A medida que la situación empeora, aparecen trastornos de la conciencia, que van desde la confusión hasta un coma profundo en los casos más extremos.

La pérdida de peso puede ser importante, alcanzando hasta el 20 % del peso corporal, signo de un déficit hídrico grave. Esta deshidratación suele ir acompañada de fiebre y de una frecuencia respiratoria elevada que agrava la pérdida de agua.
Otros signos pueden ayudar a identificar esta forma de deshidratación. Las mucosas están secas y la lengua retraída. Un examen médico también puede revelar trastornos neurológicos, consecuencia directa del encogimiento de las células cerebrales.
¿Cuáles son los riesgos? Una deshidratación intracelular grave puede tener efectos graves, sobre todo en el cerebro. Cuando las células pierden demasiada agua, se encogen, lo que puede provocar trastornos de la memoria, de la concentración y confusión. En los casos más serios, esto puede llegar hasta una pérdida de conocimiento o un coma.
En los lactantes y las personas mayores, el cerebro es más frágil, y esta deshidratación puede a veces causar una pequeña hemorragia cerebral (hematoma subdural). Si dura demasiado tiempo, puede dejar secuelas en las capacidades intelectuales y motoras.
¿Cómo tratar una deshidratación?
Adulto, niño, lactante, ¿un tratamiento diferente?
Para rehidratarse, el principio es el mismo para todos: beber para recuperar el agua perdida y restablecer el equilibrio electrolítico. Sin embargo, el método de administración y la atención varían según la edad y la gravedad de la deshidratación.
Para un lactante, por ejemplo, las soluciones de rehidratación oral (SRO) son necesarias. Estas soluciones, específicamente diseñadas para compensar las pérdidas de líquidos y electrolitos, son la mejor opción porque los bebés expresan difícilmente su sed y no pueden regular su propia hidratación.
Para un niño mayor, la rehidratación puede hacerse mediante las SRO, pero también a través de la alimentación con alimentos ricos en electrolitos como la sal (sodio) o el plátano (potasio). Sin embargo, puede ser difícil conseguir que beba una gran cantidad de agua. Si la deshidratación es leve a moderada, animarlo a beber en pequeñas cantidades pero con frecuencia es un enfoque eficaz. Si el niño se niega a beber agua sola, es posible utilizar alternativas como bebidas ligeramente azucaradas y saladas, caldos o frutas ricas en agua (sandía, pepino…).
Para un adulto, todos los métodos son adecuados, y le resulta más fácil evaluar su estado y medir su consumo de agua. Sin embargo, no debe descuidarse una deshidratación grave que puede requerir atención urgente.
¿Qué soluciones?
Casos graves y solución intravenosa
Si se perfila una deshidratación grave, consultar a un médico o ir al hospital es indispensable. En cuanto al tratamiento, hay varias posibilidades para atender al paciente: en primer lugar, el control directo de la cantidad que debe beber. En efecto, es necesario realizar una rehidratación oral controlada, bajo supervisión médica, para evitar cualquier desequilibrio osmótico.
Después, en los peores casos (vómitos repetidos, trastornos de la conciencia, shock hipovolémico…), es posible recurrir a la administración intravenosa de una solución de cloruro de sodio.
SRO
Las SRO son la referencia para tratar una deshidratación leve a moderada, especialmente en lactantes y niños pequeños. Recomendadas por la OMS, permiten una absorción rápida del agua y de los electrolitos gracias a la asociación de sodio y glucosa. Son particularmente eficaces en caso de diarreas, gastroenteritis o fiebre, cuando el niño pierde una cantidad importante de líquido.
En los adultos, la rehidratación se basa más en el consumo regular de agua, pasando por bebidas que contienen sodio, potasio y glucosa para mejorar la absorción intestinal del agua y la retención hídrica. Existen varias soluciones, desde las más básicas como agua con azúcar y sal, hasta soluciones que optimizan los efectos en el cuerpo con otros complementos, por ejemplo los oligoelementos, como hace Hydratis.
¿Por qué utilizar Hydratis?

Hydratis es una solución de hidratación compuesta de azúcares, electrolitos y oligoelementos, diseñada para mejorar la hidratación en caso de fatiga, esfuerzos físicos intensos, clima cálido o recuperación deportiva. Está basada en las recomendaciones de la OMS y adaptada al mayor número de personas.
Su formato práctico y sus diferentes sabores, para adaptarse a todos, la convierten en una alternativa agradable a las soluciones clásicas, al tiempo que ofrece una hidratación rápida y específica.
5. Algunos consejos para prevenir la deshidratación
Para prevenir la deshidratación, hay dos condiciones principales que deben respetarse:
En primer lugar, asegurarse de mantener un buen equilibrio electrolítico. Esto puede lograrse simplemente con una dieta variada o con SRO.
Después, obviamente hay que beber suficiente agua, más allá de simplemente escuchar la sensación de sed. Esto es particularmente importante para las personas frágiles (los jóvenes, que pueden tener dificultades para evaluar su estado o saciar su sed por sí mismos, y las personas mayores, en quienes los efectos de la deshidratación se amplifican) y para los deportistas, que pierden el agua mucho más rápido con la sudoración y la respiración. Las SRO como Hydratis son entonces ideales, ofreciendo además diferentes sabores. Si desea utilizar agua del grifo o embotellada, la ANSES propone una infografía eficaz para recordar lo más importante.
Bibliografía
Agua embotellada o agua del grifo: buenas prácticas de consumo - ANSES
Adrogue, H. J., & Madias, N. E. (2000). "Hypernatremia". New England Journal of Medicine, 342(20), 1493-1499. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10816188/
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Sawka, M. N., Cheuvront, S. N., & Kenefick, R. W. (2015). "Hypohydration and Human Performance: Impact of Environment and Physiological Mechanisms". Sports Medicine, 45 (S1), 51-60. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26553489/