Los lactantes y los niños pequeños son más vulnerables que los adultos en cuanto a la hidratación. Un déficit hídrico, incluso mínimo, puede tener repercusiones importantes en su salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la deshidratación es una de las principales causas de morbilidad infantil. Por eso, en Francia como en otros lugares, los pediatras insisten en la vigilancia de los padres. En este artículo, le explicamos en detalle cómo saber si su bebé está deshidratado, cómo reaccionar rápidamente y, sobre todo, cómo prevenir esta situación.
¿Por qué puede deshidratarse un bebé?
Funcionamiento del cuerpo de un lactante: una pérdida de agua más rápida
El cuerpo de su bebé contiene una proporción de agua mucho mayor que la de un adulto: hasta un 80%. Esto explica por qué la menor pérdida de líquido provoca rápidamente un desequilibrio más marcado. Además, su superficie corporal es proporcionalmente mayor, lo que favorece una pérdida significativa de agua a través de la piel y de la respiración. Por lo tanto, su hijo puede deshidratarse en pocas horas si tiene fiebre, suda mucho o presenta diarrea y vómitos.
Incapacidad para expresar la sed o beber por sí solo
Un lactante no puede decirle que tiene sed ni tomar la iniciativa de beber. Por lo tanto, su hidratación depende completamente de usted: lactancia materna o biberón hasta los seis meses y, después, la introducción de pequeñas cantidades de agua como complemento. Antes de esa edad, el agua por sí sola no es necesaria, ya que la leche materna o infantil basta para cubrir sus necesidades hídricas y nutricionales. Esta incapacidad para expresar su sed constituye, por tanto, un factor agravante del riesgo de deshidratación. Su vigilancia, como padre o madre, sigue siendo su mejor protección.
Las principales causas que hay que vigilar
Fiebre y calor
Cuando su hijo tiene fiebre, sus necesidades hídricas aumentan. Cada grado por encima de 37 °C acentúa las pérdidas. En verano o durante una ola de calor, el calor agrava aún más este déficit.
Gastroenteritis e infecciones digestivas
Las heces líquidas y los vómitos son las causas más frecuentes de deshidratación infantil en una gastroenteritis aguda, de origen viral o bacteriano (como Escherichia coli, Salmonella o Shigella). En este caso, su bebé o niño pequeño pierde no solo agua, sino también sales minerales esenciales como el sodio, el potasio y los cloruros. El desequilibrio electrolítico debilita aún más su organismo.
Rechazo de la alimentación
Un bebé enfermo o cansado puede negarse a mamar o a tomar el biberón. Esta falta de aporte hídrico se suma a las pérdidas ya ocasionadas por la fiebre y los trastornos digestivos. Por eso algunos lactantes pueden deshidratarse muy rápidamente, a veces en solo unas horas.
¿Cuáles son los signos de deshidratación en un bebé?
Los signos visibles que hay que observar atentamente
Para saber si su bebé está deshidratado, preste atención a ciertos indicios inequívocos : una fontanela hundida, por ejemplo, es una señal de alarma que debe tomarse en serio. Del mismo modo, la ausencia de lágrimas al llorar, la boca seca o la lengua pastosa deben alertarle. La piel también se vuelve menos elástica. Si le pellizca ligeramente el brazo, el pliegue tarda en desaparecer. También notará que sus pañales están menos mojados de lo habitual. Por último, su comportamiento puede cambiar. En efecto, un bebé deshidratado puede parecer muy cansado, apático o, por el contrario, inusualmente agitado.
Los signos según la edad del niño
Menos de 6 meses:
- pañales poco mojados (< 5–6/día)
- boca seca
- despertar difícil
- llanto débil,
- ojos hundidos

Más de 6 meses:
- signos similares
- somnolencia inusual
- rechazo a beber o comer
- variaciones de la temperatura
- Pérdida de apetito.
¿Qué hacer si se sospecha una deshidratación?
Aumente la frecuencia de las tomas o de los biberones
Para los lactantes menores de 6 meses : siga dando leche materna o infantil con mayor frecuencia, ya que es la fuente de rehidratación más fiable.
Para los bebés que ya han iniciado la alimentación complementaria : además de la leche, dé regularmente pequeños sorbos de agua.
Recurrir a una solución de rehidratación oral (SRO)
Si su bebé vomita o tiene diarrea, utilice una solución de rehidratación oral (SRO). Disponibles en farmacia en forma de polvo en sobres, estas soluciones deben reconstituirse con agua. Contienen glucosa y sales minerales y sirven para compensar tanto la pérdida hídrica como el desequilibrio electrolítico.
Recomendadas por la OMS, la American Academy of Pediatrics y las autoridades francesas, son eficaces en casos de deshidratación leve a moderada. Antes de administrar una SRO, le recomendamos consultar a un profesional de la salud.
Consejos prácticos
Utilice la solución de rehidratación oral (SRO) según las instrucciones del prospecto, ya que la posología depende del volumen de líquidos perdido y del peso corporal.
Dé pequeños sorbos frecuentes (1 a 2 ml cada 1 a 2 minutos) para limitar los vómitos.
Si el niño vomita, espere 10 minutos y luego vuelva a dársela (una cucharadita cada 2 a 3 minutos).
Precauciones importantes
- No dé únicamente agua sola en gran cantidad a un bebé deshidratado: esto puede diluir los electrolitos restantes.
- Evite los refrescos y los jugos de frutas demasiado azucarados; agravan la diarrea.
- Mantenga a su hijo en un entorno fresco, protegido del calor intenso y vestido con ropa ligera.
Si los signos persisten o empeoran pese a todo, consulte de inmediato a un profesional de la salud.
Deshidratación grave: ¿cuándo hay que preocuparse?
Una pérdida de peso superior al 10 % del peso corporal constituye una urgencia. Por ejemplo, un lactante de 8 kg que pierde 800 g en pocos días debe ser atendido de inmediato.
Otros signos también justifican una consulta médica inmediata:
- Rechazo total a alimentarse : el bebé rechaza el pecho o el biberón.
- Orina casi ausente desde hace 6 a 8 horas : de forma anormal, los pañales permanecen secos.
- Llanto sin lágrimas : un indicador avanzado de un déficit hídrico.
- Bebé somnoliento : mirada vacía, respiración rápida; estos signos reflejan un estado preocupante.
En urgencias, el médico evaluará el grado de deshidratación y decidirá el tratamiento adecuado. En caso de déficit hídrico grave, pueden ser necesarias la rehidratación por perfusión y la hospitalización para restablecer el equilibrio hídrico y el peso corporal del niño.
¿Cómo prevenir la deshidratación en los más pequeños?

Los buenos hábitos diarios
En periodos de calor o de fiebre, dé el pecho o el biberón con regularidad. Vigile la frecuencia de la orina; es un buen indicador de la hidratación. Si su bebé tiene más de 6 meses, aumente el aporte de agua en pequeños sorbos. Vístalo con ropa adecuada a la temperatura exterior.
¿Consejos prácticos?
- Administre una SRO desde los primeros signos de diarrea o vómitos.
- Pese regularmente a su bebé en caso de enfermedad para detectar una pérdida de peso rápida.
- Lleve agua en la bolsa de pañales durante sus desplazamientos.
- Refresque la habitación de su hijo con buena ventilación o con un humidificador.
En resumen: los gestos adecuados para proteger a su hijo
La deshidratación en el lactante es un riesgo serio, pero puede prevenirse con su vigilancia. Recuerde que los lactantes son más vulnerables porque pierden agua más rápido y no pueden expresar su sed. Vigile los signos visibles, como la fontanela hundida, la boca seca, la ausencia de lágrimas o la disminución de la frecuencia de la orina.
Si sospecha deshidratación, actúe con rapidez para rehidratarlo. Para ello, aumente los aportes de leche y complételos con una SRO en caso de trastornos digestivos, mantenga un entorno fresco y consulte sin demora si la situación empeora.
Adoptando estos gestos sencillos y permaneciendo atento, garantiza a su hijo una hidratación óptima, esencial para su salud y bienestar.
Bibliografía
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