1. Comprender las necesidades hídricas del niño
Un niño está en pleno crecimiento, lo que implica necesidades particulares de nutrientes y agua. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha establecido valores nutricionales de referencia que deben seguirse para la hidratación :
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Edad |
Cantidad diaria |
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0-6 meses |
100-190 ml/kg de masa del niño |
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6-12 meses |
800-1000 ml |
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12-24 meses |
1100-1200 ml |
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2-3 años |
1300 ml |
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4-8 años |
1600 ml |
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9-13 años |
2100 ml para los niños 1900 ml para las niñas |
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+ 14 años, adultos y personas mayores |
2500 ml para los niños 2000 ml para las niñas |
Estas son recomendaciones para cubrir las necesidades de agua en condiciones de temperatura ambiente moderada y en caso de actividad física normal. En efecto, estos valores son umbrales mínimos, que pueden ser insuficientes en caso de mucho calor, por ejemplo. Entonces es importante asegurarse de que los niños tengan acceso regular al agua, para que puedan beber en cuanto sientan la necesidad. En niños con sobrepeso u obesidad, las necesidades hídricas también pueden ser mayores.
Además, los signos de la deshidratación en los lactantes y los niños son importantes de conocer para poder intervenir rápidamente y restablecer la hidratación. Como el lactante todavía no puede identificar y expresar sus necesidades de agua, requiere una atención particular por parte de su entorno. Estos son los síntomas que hay que conocer en el lactante:
- Sequedad bucal, a menudo acompañada de ausencia de saliva. El aspecto de los labios puede facilitar su identificación.
- Pañales menos mojados o la necesidad de cambiar menos de 4 pañales al día.
- Un hundimiento anormal de la fontanela anterior (zona blanda en la cabeza).
- Llanto sin lágrimas.
- Somnolencia o irritabilidad inusual.
Estos signos evolucionan a medida que el niño crece (de 2 a 7 años). Aunque pueda expresar su sed o sus síntomas más fácilmente, aun así hay que permanecer atentos en los siguientes casos:
- Sed intensa.
- Orina muy oscura y poco frecuente.
- Mareos y fatiga.
- Ojos secos, con ojeras o hundidos en sus órbitas.
- Confusión e irritabilidad anormal.
- Mucosas bucales (lengua, labios) pegajosas o secas.
Una disminución repentina del peso. En el niño, una deshidratación puede aparecer desde una pérdida del 2 % del peso corporal, y se vuelve grave por encima del 5 %. Cuando la pérdida supera el 10 %, la situación es crítica : el funcionamiento de los órganos vitales se ve comprometido, lo que requiere atención médica urgente.
2. Causas comunes de deshidratación en los niños

Ciertas situaciones exponen a los niños a un alto riesgo de deshidratación. Las principales causas son las pérdidas excesivas o una ingesta insuficiente de agua.
La diarrea y los vómitos, frecuentes en caso de gastroenteritis, figuran entre las causas más preocupantes. Estas pérdidas digestivas rápidas provocan una pérdida importante de agua y electrolitos. Ahora bien, en el niño, la sensación de sed no siempre es suficiente para compensar espontáneamente estas pérdidas. Por lo tanto, es importante y primordial animarlo a beber. Paralelamente, no hay que interrumpir la alimentación: una alimentación equilibrada y adaptada sigue siendo crucial para limitar los riesgos de desnutrición asociados. Entonces es preferible evitar los alimentos difíciles de digerir o laxantes, como ciertas verduras verdes o frutas ácidas. Por el contrario, priorice alimentos antidiarreicos, como el arroz, el plátano bien maduro y la compota de manzana.
Otra causa importante de deshidratación es la sudoración. Esta aumenta naturalmente durante actividades físicas intensas y con mucho calor. Mientras el niño tenga fácil acceso al agua y sienta sed, estas pérdidas pueden compensarse. Sin embargo, también está la fiebre que puede provocar una sudoración excesiva. En este contexto, la sensación de sed quizá ya no sea suficiente, y podría parecer menos importante frente a los demás síntomas. Entonces es necesario fomentar una hidratación regular, incluso en pequeñas cantidades.
Finalmente, la causa de deshidratación más simple es un consumo insuficiente de agua. Puede estar relacionada simplemente con un niño que subestima su sed, o que no tiene una bebida a su disposición y prescinde de ella. Por lo tanto, es importante ofrecerles agua regularmente, incluso en ausencia de quejas por su parte, y sobre todo enseñarles a reconocer los signos de sed o de fatiga relacionados con la deshidratación.
3. Tipos de rehidratación
Existen varias formas de rehidratarse, que varían según su eficacia, su facilidad de uso y su aceptabilidad en cuanto al sabor.
3.1 Rehidratación oral (solución de primera intención)
En primer lugar, están las soluciones de rehidratación oral (SRO). Se basan en la ingestión de una solución que contiene agua, electrolitos (en particular sodio, potasio y cloruro) y glucosa. Estos elementos facilitan la absorción del agua por el intestino a través del cotransporte sodio-glucosa (SGLT-1). Constituyen una solución imprescindible en caso de deshidratación moderada a grave, cuando el consumo de agua sola ya no es suficiente, o cuando los volúmenes necesarios serían demasiado importantes para ser bien tolerados.
Así, se recomiendan en los lactantes, más vulnerables y que pueden ser difíciles de rehidratar, especialmente después de una gastroenteritis, que es responsable de importantes pérdidas de agua y electrolitos. Sin embargo, pueden ser útiles a cualquier edad en cuanto la deshidratación se hace visible, aún más en caso de circunstancias agravantes (mucho calor, por ejemplo).
Si no dispone de una SRO lista para usar, es posible preparar una solución casera simple (recomendada por la OMS):
Los ingredientes son:
- 1 litro de agua
- 1 cucharadita de sal
- 6 cucharaditas de azúcar
3.2 Rehidratación intravenosa (casos graves)
En caso de deshidratación moderada a grave, y cuando la rehidratación oral es imposible o insuficiente (incapacidad para beber, pérdidas hídricas demasiado importantes, desequilibrio electrolítico marcado), puede instaurarse una rehidratación por vía intravenosa en el hospital.
Una vez que un profesional de la salud ha identificado que este método era necesario, el paciente es entonces puesto en perfusión. Una solución compuesta de agua, glucosa y electrolitos se administra lentamente en la sangre. Luego, el paciente es vigilado atentamente para evitar una sobrecarga de líquidos y para estudiar la evolución de su estado.
Este modo de rehidratación evita el sistema digestivo, lo que es particularmente útil en caso de trastornos digestivos o absorción alterada. Además, el seguimiento permite controlar con precisión los niveles de agua y electrolitos en la sangre, lo que no puede hacerse en casa.
Pero atención, este método sigue estando reservado a contextos hospitalarios o a la atención de urgencia, con indicaciones bien definidas.
4. Prácticas recomendadas respecto a la hidratación en el niño

Fuera de las SRO, otros medios pueden contribuir eficazmente a mantener o restaurar una buena hidratación en el niño. En primer lugar, fomentar la ingesta frecuente de pequeñas cantidades de agua, esto es más agradable, ¡pero requiere una atención particular y recordatorios constantes!
Integre alimentos ricos en agua. Algunos alimentos pueden complementar los aportes hídricos :
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Frutas frescas (sandía, melón, naranja, fresas),
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Verduras (pepino, tomate, calabacín),
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Caldos y sopas ligeras, que son particularmente apreciados en caso de fatiga o disminución del apetito.
Sin embargo, tenga en cuenta que no todas las bebidas son iguales en materia de hidratación: los refrescos o los jugos concentrados serán menos eficaces que el agua natural o una sandía.
5. Prevención de la deshidratación en el niño
Como dice el refrán, más vale prevenir que curar. Al instaurar buenos hábitos de hidratación desde la más temprana edad, reduce considerablemente el riesgo de deshidratación.
Asegúrese de que su hijo adopte buenos reflejos en el día a día. Siempre debería tener una botella o un vaso de agua al alcance de la mano, en particular durante los días calurosos o durante las actividades físicas. Enséñele a beber regularmente, incluso en ausencia de sensación de sed, como en caso de fiebre, o después de vómitos o incluso diarrea, cuando las pérdidas hídricas y electrolíticas son mayores. Por último, sensibilícelo para que escuche a su cuerpo: una fatiga inusual, una boca seca, una orina más oscura o dolores de cabeza pueden ser signos precoces de deshidratación. Anímelo a hablarle de ello en cuanto los sienta.
Por su parte, aprenda los primeros signos de la deshidratación para poder reaccionar lo antes posible.
La hidratación de los más pequeños es un reto importante, pero accesible para todos. Haciéndoles adoptar buenos hábitos y vigilando su hidratación, es posible evitar la deshidratación la mayor parte del tiempo. Sin embargo, si observa signos, podrá actuar con una alimentación rica en agua, una hidratación regular y a veces soluciones de hidratación especializadas. Para los casos moderados a graves, las SRO y la opinión de un profesional serán de gran ayuda.
Bibliografía
EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition, and Allergies (NDA); Scientific Opinion on Dietary reference values for water. EFSA Journal 2010; 8(3):1459. [48 pp.].https://doi.org/10.2903/j.efsa.2010.1459
Sentongo T. A. (2004). The use of oral rehydration solutions in children and adults. Current gastroenterology reports, 6(4), 307–313. https://doi.org/10.1007/s11894-004-0083-5