Con la llegada del buen tiempo, los niños pasan más tiempo al aire libre y están expuestos al sol. Si estos momentos son valiosos para su desarrollo y bienestar, también conllevan riesgos, en particular el de la insolación. A diferencia de los adultos, los niños presentan una mayor vulnerabilidad frente al calor, debido a características fisiológicas propias de su edad. Saber reconocer los primeros signos, adoptar los buenos reflejos de prevención e intervenir rápidamente es esencial para evitar complicaciones a veces graves. Vamos a guiarle para comprender mejor la insolación en el niño y para poder proteger a los más pequeños del sol durante los periodos estivales.
¿Por qué los niños tienen más riesgo de sufrir insolación?
El cuerpo de un niño no reacciona al calor de la misma manera que el de un adulto. Varios factores fisiológicos y conductuales explican esta mayor vulnerabilidad frente a las altas temperaturas.
Por un lado, el sistema de termorregulación de los niños aún es inmaduro. Esto significa que su cuerpo tiene más dificultades para mantener una temperatura interna estable en caso de mucho calor. Su producción de sudor, principal mecanismo natural de enfriamiento, también es menor que la de los adultos, lo que limita la evacuación del calor corporal.
Por otro lado, los niños perciben menos la sensación de sed y puede que no expresen sus necesidades. Cuando juegan, a menudo están tan absortos que se olvidan de beber o de ponerse a la sombra. Además, no siempre saben adaptar su comportamiento a las condiciones climáticas (cubrirse, descansar, evitar el sol directo…).
Así, los más pequeños dependen por completo de la vigilancia de los adultos para garantizar su hidratación, una exposición razonable al sol y su confort durante el periodo estival.
Insolación, golpe de calor, deshidratación: ¿qué diferencias hay?
Es frecuente confundir estos tres términos, que sin embargo designan situaciones muy distintas. Sus diferencias son esenciales para adaptar la respuesta en caso de síntomas en el niño.
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Término |
Definición |
Causas |
Posibles síntomas |
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Insolación |
Incapacidad del cuerpo para regular correctamente su temperatura tras una exposición prolongada al sol |
Exposición directa y prolongada al sol, especialmente a nivel de la cabeza |
Dolor de cabeza, sensación de calor, enrojecimiento, sed, fatiga |
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Golpe de calor |
Hipertermia grave con alteración neurológica, temperatura corporal > 40°C |
Calor ambiental excesivo (ej.: ola de calor, habitación mal ventilada, coche cerrado) |
Fiebre alta, vómitos, alteraciones de la conciencia, somnolencia |
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Deshidratación |
Pérdida excesiva de agua y sales minerales, no compensada |
Vómitos, diarreas, sudoración importante, aporte hídrico insuficiente |
Orina oscura, boca seca, fatiga, mareos |
La insolación suele ser la primera fase, que puede evolucionar hacia un golpe de calor si no se toma ninguna medida. La deshidratación puede asociarse a estos dos estados, agravando el cuadro clínico.
¿Cómo reconocer un inicio de insolación en el niño?

Síntomas tempranos que hay que vigilar
Una insolación en el niño no siempre comienza de forma brusca. Los primeros signos a veces son discretos, pero deben alertar:
- Enrojecimiento en el rostro,
- Temperatura corporal ligeramente elevada,
- Dolor de cabeza o queja de malestar,
- Fatiga repentina,
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Sed inhabitual.
Desde la aparición de estos síntomas, conviene actuar rápidamente: poner al niño a la sombra, ofrecerle agua fresca en pequeñas cantidades, quitarle la ropa superflua y favorecer el descanso.
Signos de gravedad: ¿cuándo consultar?
Ciertas manifestaciones clínicas indican un posible agravamiento hacia un golpe de calor, que requiere atención médica inmediata:
- Temperatura superior a 40 °C,
- Vómitos,
- Somnolencia, apatía, pérdida de vigilancia,
- Dolores de cabeza intensos,
- Comportamiento inusual, confusión,
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Convulsiones (en los casos más graves).
En este caso, es imprescindible contactar con el SAMU (15) o consultar a un profesional sanitario sin esperar.
Hidratación y deshidratación en el niño: lo que hay que saber
¿Por qué el niño es más vulnerable?
El cuerpo de los niños está compuesto proporcionalmente por más agua que el de los adultos. Esta particularidad los hace más expuestos a las pérdidas hídricas, especialmente por la sudoración. Durante los periodos de mucho calor o de actividad física intensa, su organismo pierde agua más rápidamente, aumentando así el riesgo de deshidratación.
Otra particularidad: su sed no siempre refleja su necesidad real. Por eso es esencial ofrecerles agua regularmente, incluso en ausencia de una demanda espontánea.
¿Qué cantidad de agua dar a un niño al día en verano?
Las recomendaciones varían según la edad:
- 2 a 3 años : aproximadamente 1 litro de agua al día,
- 4 a 8 años : aproximadamente 1,2 litros al día,
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9 a 13 años : entre 1,5 y 1,7 litros al día.
Estas cifras se refieren a niños sanos en condiciones climáticas templadas. En caso de calor, actividad física o fiebre, las necesidades pueden aumentar significativamente.
¿Y en caso de vómitos o diarrea?
En estas situaciones, se recomienda entonces el uso de soluciones de rehidratación oral (SRO), disponibles en farmacia. Estas soluciones contienen un equilibrio óptimo de agua, glucosa y electrolitos, lo que facilita una rehidratación rápida y segura.
¿Cómo prevenir una insolación en el niño?
Los buenos hábitos que hay que adoptar a diario
La prevención se basa en algunos hábitos simples pero eficaces:
- Evite toda exposición directa al sol entre las 12 h y las 16 h, periodo en el que los rayos son más intensos.
- Favorezca las actividades al aire libre por la mañana o al final de la tarde.
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Proteja al niño con:
- un sombrero de ala ancha,
- gafas de sol adecuadas,
- una crema solar SPF 50, renovada cada 2 horas,
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ropa holgada, ligera y de color claro.
- Hidrate regularmente al niño, aunque no se queje de tener sed.
- Ventile la vivienda temprano por la mañana y por la noche, y cierre las persianas durante el día para mantener las habitaciones frescas.
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Nunca deje a un niño solo en un coche, ni siquiera durante unos minutos: la temperatura interior puede alcanzar más de 50°C en menos de 10 minutos.
En guardería o centro de ocio: ¿qué precauciones tomar?
Las estructuras de acogida también tienen un papel que desempeñar en la prevención. Deben:
- Proponer actividades a la sombra o en interior en las horas más calurosas,
- Poner a disposición puntos de agua fácilmente accesibles,
- Animar a los niños a beber regularmente,
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Adaptar la ropa y vigilar los signos de sobrecalentamiento.
¿Qué hacer en caso de insolación en un niño?

Cuidados inmediatos
En caso de sospecha de insolación:
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Instale al niño en un lugar sombreado y bien ventilado.
- Retire la ropa innecesaria para facilitar la disipación del calor.
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Aplique compresas o un paño húmedo en la frente, el cuello y los brazos.
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Déle pequeñas cantidades de agua fresca para beber regularmente.
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Propóngale reposo total, acostado si es necesario.
¿Cuándo se cura una insolación?
Si la insolación es moderada y se adoptan rápidamente los buenos gestos, la mejoría suele producirse en unas pocas horas. No obstante, es necesario seguir vigilando al niño durante 24 horas.
¿Cuándo consultar a un médico?
Una valoración médica es indispensable si:
- La fiebre persiste o supera los 40 °C,
- El niño presenta una alteración de la conciencia,
- Aparecen vómitos o convulsiones,
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Los síntomas no remiten a pesar de los primeros auxilios.
Conclusión: un verano tranquilo para usted y su hijo
La insolación en el niño sigue siendo un problema de salud evitable si se adoptan los buenos reflejos. Gracias a una hidratación adecuada, una protección solar rigurosa y una vigilancia atenta, puede reducir los riesgos de incidentes relacionados con el calor. La vigilancia de los adultos es indispensable, ya que los niños no siempre están en condiciones de percibir o expresar sus necesidades. Aplicando estos sencillos consejos, permite a su hijo disfrutar de las alegrías del verano con total seguridad.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Cómo reconocer un golpe de calor en un niño?
Por una temperatura corporal superior a 40°C, trastornos neurológicos (confusión, somnolencia), dolor de cabeza, náuseas o vómitos. Se trata de una urgencia médica.
¿Cómo curar rápido una insolación?
Aislando al niño en un lugar fresco, rehidratándolo regularmente y vigilando su estado. Si los síntomas persisten o empeoran, es indispensable una consulta médica.
¿Puede ser grave la insolación?
Sí, sobre todo si evoluciona hacia un golpe de calor o va acompañada de una deshidratación grave. De ahí la importancia de prevenirla y reconocer sus signos rápidamente.
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