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Hidratación del lactante: cómo hidratar bien a su bebé y prevenir la deshidratación

La hidratación desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la salud del lactante. Aún frágil, su organismo no regula eficazmente las pérdidas de agua y depende por completo de los aportes externos para mantener un buen equilibrio.

Entre el calor, la fiebre o los episodios de diarrea, la deshidratación puede convertirse rápidamente en un peligro real.

En este artículo descubrirá cuáles son las necesidades de agua del bebé, las señales de alerta que hay que vigilar y los gestos sencillos para garantizar una hidratación suficiente en cada etapa de su crecimiento.

 

¿Por qué vigilar la hidratación en los bebés?

El cuerpo del bebé está compuesto en gran parte por agua (aproximadamente un 80%). Sin embargo, su organismo aún en desarrollo no puede ni almacenar ni regular eficazmente los líquidos, de ahí la necesidad de vigilar de cerca sus aportes hídricos.

Cada día, la cantidad de líquido absorbida debe compensar las pérdidas naturales debidas a la respiración, la transpiración y la eliminación (urinaria y digestiva). Una hidratación insuficiente, incluso leve, puede provocar rápidamente:

  • Fatiga ;
  • Estreñimiento ;
  • Trastornos digestivos.

 

El bebé: un organismo aún inmaduro

El sistema renal de un bebé aún no es totalmente maduro. En efecto, sus riñones filtran peor que los de un adulto, lo que provoca una pérdida más rápida de líquidos.

Además, como su piel es mucho más fina y permeable, deja escapar más agua por evaporación, sobre todo en caso de calor o fiebre.

 

Las principales causas de deshidratación en el bebé

Conocer las causas de la deshidratación en su hijo permite tomar las medidas adecuadas para proteger su salud.

  • La diarrea: se trata de una de las causas más frecuentes de deshidratación en el lactante. Provoca pérdidas hídricas y de sales minerales, indispensables para el bienestar del bebé ;
  • Los vómitos : cuando se repiten, impiden que el niño conserve la leche materna o infantil. Esto tiene como consecuencia una reducción de los aportes hídricos y nutritivos ;
  • La fiebre : aumenta la temperatura corporal y favorece una evaporación más rápida del agua por la piel ;
  • La transpiración excesiva : en periodos de mucho calor, el bebé pierde agua sin mostrar siempre signos evidentes. Su organismo, aún incapaz de regular correctamente la temperatura, se deshidrata rápidamente ;
  • Los factores agravantes : ciertas situaciones como una alimentación insuficiente o algunas enfermedades (gripe, bronquiolitis, infección urinaria, diabetes infantil, etc.) pueden provocar una deshidratación aguda.

 

Los signos de deshidratación en el lactante

Un déficit hídrico o una deshidratación puede manifestarse de varias maneras, a veces sutiles al principio. Observar atentamente el comportamiento de su bebé permite a menudo detectar los primeros signos.

La disminución de la producción de orina

Un bebé bien hidratado moja varios pañales al día, prueba de que su organismo elimina correctamente los líquidos. Por el contrario, un bebé deshidratado orina con mucha menos frecuencia de lo habitual.

En este caso, notará que sus pañales permanecen secos durante más de 4 a 6 horas. La orina se vuelve entonces más oscura y desprende un olor más marcado, porque está más concentrada.

Pérdida de peso significativa

Un déficit hídrico importante también provoca una disminución rápida del peso corporal, porque el organismo del bebé pierde sobre todo agua.

En los más pequeños, una pérdida del 5% del peso total ya indica una deshidratación moderada, mientras que una pérdida superior al 9% revela una forma grave, que requiere una consulta médica urgente.

Aspecto de las fontanelas

Las fontanelas son las pequeñas zonas blandas situadas en la parte superior y posterior de la cabeza del lactante. Cuando este está bien hidratado, están ligeramente abombadas y son suaves al tacto.

En cambio, cuando parecen hundidas o deprimidas, esto indica una deshidratación importante.

Comportamientos inusuales

Los cambios de comportamiento suelen constituir un signo precoz de déficit hídrico. En las formas leves a moderadas, el recién nacido puede parecer cansado, apático o inusualmente irritable.

Cuando la situación empeora, la somnolencia se acentúa. Entonces resulta difícil despertarlo, está menos reactivo, o incluso letárgico.

Otros signos fisiológicos de deshidratación en el lactante

Otras manifestaciones físicas también pueden revelar un déficit hídrico en el bebé:

  • Extremidades frías,
  • Ausencia de lágrimas,
  • Mucosas secas,
  • Piel marmórea,
  • Trastornos cardíacos.

Prueba del pliegue cutáneo

Esta prueba sencilla permite evaluar rápidamente el estado del niño: consiste en pellizcar suavemente la piel del vientre o del brazo entre dos dedos.

En un bebé bien hidratado, la piel recupera inmediatamente su forma inicial. En caso de déficit hídrico leve a moderado, tarda hasta dos segundos en volver a tensarse por completo.

Si se trata de un caso muy grave, el pliegue cutáneo persiste más de dos segundos, o incluso permanece marcado. Esta falta de elasticidad indica un nivel de hidratación crítico.

 

Cantidades de agua recomendadas según la edad

La cantidad de agua necesaria varía a lo largo de los meses, porque las necesidades hídricas evolucionan con el crecimiento del niño. He aquí un resumen de las recomendaciones sobre la cantidad de agua que se debe beber según cada etapa del desarrollo.

Edad

Cantidad de agua recomendada

0-6 meses

Leche materna o fórmula (hidratación suficiente)

6-12 meses

50 a 100 ml de agua al día, como complemento de la leche

1-3 años

400 a 700 ml de agua al día

4-8 años

800 a 1 200 ml al día

 

¿Cómo hidratar a un bebé en el día a día?

Si la hidratación representa un aspecto importante en la nutrición de los más pequeños, aún hay que saber cómo proceder, en particular si se muestran reacios a beber o si busca otras alternativas.

Consejos para los bebés reacios a beber

Si su bebé se muestra reacio cuando intenta darle agua, aquí tiene algunas soluciones prácticas que puede adoptar:

  • Pequeños sorbos frecuentes : ofrézcale agua en varias pequeñas cantidades a lo largo del día ;
  • Biberón vs cuchara vs taza con boquilla : adapte la forma de toma según las preferencias del niño ;
  • Agua ligeramente aromatizada : para los bebés que rechazan el agua natural, puede ofrecer un agua muy ligeramente aromatizada con frutas.

Alternativas al agua

Como complemento del agua, existen otras alternativas que pueden contribuir a la hidratación del bebé. Por un lado, está la leche materna o la leche infantil, que aportan los nutrientes esenciales para su crecimiento.

Por otro lado, están los zumos de frutas. Diluido como máximo a 1/3 y adaptado para bebés un poco más mayores, una pequeña cantidad de zumo muy diluido puede completar su aporte hídrico.

Le aconsejamos pedir la opinión de su pediatra antes de cualquier cambio en los hábitos de su lactante. 

Alimentos hidratantes

Para completar el aporte de líquidos, también se recomiendan algunos alimentos ricos en agua. Entre estos alimentos, tenemos:

  • Las compotas,
  • Los purés de verduras,
  • Las frutas ricas en agua,
  • Las sopas ligeras para bebés más mayores.

 

Hidratar a un bebé enfermo o con fiebre

Para un bebé enfermo o con fiebre, el uso de soluciones de rehidratación oral permite compensar temporalmente el agua y las sales minerales perdidas. Ofrézcale tomas pequeñas y frecuentes en lugar de grandes cantidades de una sola vez. 

Además, también es importante saber reconocer los signos que requieren una consulta rápida con un especialista.

Si el bebé presenta la boca seca, un cansancio inusual o una fontanela hundida, o si la fiebre persiste acompañada de vómitos, hay que consultar inmediatamente para evitar cualquier agravamiento.

 

Soluciones de rehidratación (SRO): ¿cómo y cuándo utilizarlas?

Es esencial tener en casa soluciones de rehidratación, ricas en bicarbonatos, carbohidratos y sales minerales, que permiten rehidratar rápidamente al niño en caso de vómitos o diarrea.

Durante las primeras horas, según las indicaciones del pediatra, estas soluciones deben ser la única bebida administrada, ya que el agua sola correría el riesgo de ser vomitada.

Se presentan en forma de polvo para disolver en el biberón de agua. Tras la homogeneización, la mezcla es incolora.

Las madres lactantes también pueden utilizarlas para apoyar su propia hidratación, siempre después de la opinión de un médico.

Además, un aporte hídrico suficiente también pasa por algunos cuidados sencillos: después del baño, aplique una leche corporal adecuada. Procure que los baños no sean ni demasiado largos ni demasiado calientes para evitar cualquier deshidratación cutánea.

 

FAQ – Preguntas frecuentes de los padres

¿Cuándo empezar a dar agua a mi bebé?

El agua puede introducirse progresivamente a partir de los seis meses, como complemento de la leche materna o infantil.

Mi bebé se niega a beber, ¿qué hacer?

Ofrézcale pequeños sorbos frecuentes, utilice un biberón, una cuchara o una taza con boquilla según sus preferencias, y eventualmente un agua ligeramente aromatizada con frutas diluidas.

¿Cuáles son los riesgos de una deshidratación prolongada?

Una deshidratación prolongada puede provocar cansancio, irritabilidad, pérdida de peso, trastornos digestivos o complicaciones graves si no se trata rápidamente.

¿El agua del grifo es segura para mi bebé?

En la mayoría de las regiones, el agua del grifo es segura después de hervirla. Se aconseja informarse localmente si la calidad del agua genera dudas.

¿Cómo saber si mi bebé está suficientemente hidratado?

Un bebé bien hidratado orina regularmente. Presenta una piel de aspecto sano, así como fontanelas ligeramente abombadas y suaves.

 

Conclusión

Un aporte suficiente de líquido desempeña un papel fundamental en el bienestar y el desarrollo de los más pequeños. Ya se trate de leche, agua o alimentos ricos en líquido, cada gesto cuenta para mantener un buen equilibrio hídrico.

Adaptando las cantidades, ofreciendo tomas regulares y permaneciendo atentos a las señales de deshidratación, los padres pueden proteger a su hijo de los riesgos relacionados con la deshidratación.

 

Bibliografía

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