Con el avance de la edad, el cuerpo humano atraviesa numerosos cambios, algunos de los cuales afectan directamente las necesidades nutricionales y la absorción de nutrientes. En las personas mayores, estas modificaciones pueden provocar diversas carencias alimentarias, con un impacto significativo en su salud y su calidad de vida. Este artículo tiene como objetivo explorar estas carencias, destacando los nutrientes que suelen ser deficitarios en este grupo de edad y proponiendo estrategias para prevenir y gestionar estas carencias de manera eficaz en el día a día.
Cambios fisiológicos y nutricionales en las personas mayores
El envejecimiento conlleva una serie de cambios fisiológicos notables que influyen directamente en los hábitos alimentarios, la capacidad de digestión, y la asimilación de los nutrientes necesarios para el mantenimiento de la salud.
Disminución de la sensación de sed y riesgos de deshidratación
Entre estas modificaciones, se observa a menudo una disminución de la sensación de sed, lo que puede conducir a una deshidratación. Además, el funcionamiento renal en las personas mayores puede verse alterado, afectando así la eliminación de desechos y el equilibrio hídrico.
Disminución de la eficacia digestiva
Además, la disminución de la eficacia digestiva es común, causada por factores como la reducción de la producción de enzimas digestivas y una motilidad intestinal ralentizada. Estos cambios pueden provocar dificultades en la descomposición y absorción de los nutrientes clave.
Impacto en la asimilación de los nutrientes
Las dificultades de asimilación de los alimentos afectan la absorción de proteínas, vitaminas y minerales, haciendo que la asimilación sea menos eficaz.
Durante el envejecimiento, el metabolismo también experimenta transformaciones, a menudo caracterizadas por una reducción del metabolismo basal. Esta modificación puede afectar la manera en que el cuerpo utiliza y almacena la energía, teniendo un impacto directo en el peso y la composición corporal.
Desafíos relacionados con las patologías crónicas y los medicamentos
Las personas mayores se enfrentan a menudo a diversas enfermedades crónicas, que pueden verse influenciadas por la alimentación. La toma de medicamentos para estas enfermedades también puede tener un impacto en el apetito y la absorción de nutrientes.

Estos factores combinados aumentan el riesgo de desnutrición en las personas mayores. Por lo tanto, es crucial vigilar atentamente su dieta y adaptarla para responder a sus necesidades específicas. Esto incluye una atención particular al aporte de nutrientes esenciales, la gestión de la hidratación, así como la consideración de las restricciones alimentarias y las interacciones medicamentosas.
Las carencias más comunes en la persona mayor y sus consecuencias
Las personas mayores son particularmente susceptibles de desarrollar ciertas carencias nutricionales.
Carencia de vitamina D
La vitamina D es crucial para la salud de los huesos, la absorción del calcio y el funcionamiento inmunitario. En las personas mayores, esta carencia suele verse agravada por una menor exposición al sol, que es una fuente natural de vitamina D. Además, con la edad, la piel pierde eficacia para sintetizar esta vitamina. Esta carencia puede provocar una fragilidad ósea, aumentando el riesgo de fracturas y de osteoporosis.
Carencia de calcio
El calcio es primordial para mantener la solidez de los huesos y la función normal de los músculos y los nervios. Con la edad, la absorción del calcio puede disminuir, y las dietas a menudo pueden carecer de productos ricos en este mineral. Esta insuficiencia puede acelerar la pérdida ósea y aumentar también el riesgo de desarrollar osteoporosis.
Carencia de hierro
El hierro es un componente clave de la hemoglobina: una proteína que transporta el oxígeno en la sangre. En las personas mayores, una carencia de hierro puede deberse a una alimentación inadecuada, a una absorción reducida o a pérdidas sanguíneas crónicas. Esta carencia puede conducir a la anemia; entonces se observarán fatiga y debilidad general.
Carencia de vitamina B
Las vitaminas del grupo B, especialmente la B12, son esenciales para numerosas funciones, incluido el funcionamiento nervioso y metabólico. La vitamina B12 es particularmente importante, y su carencia es frecuente en las personas mayores, a menudo debido a una absorción reducida causada por cambios en la secreción de ácido gástrico.
Otros nutrientes también pueden ser deficitarios, como la vitamina B6, la vitamina E, el magnesio y el zinc. Estas carencias pueden afectar diversos aspectos de la salud, desde la función inmunitaria hasta la salud de la piel y el bienestar mental.
Estrategias para prevenir las carencias
La alimentación
Para prevenir las carencias de nutrientes en las personas mayores, es importante consumir alimentos ricos y variados. Es primordial integrar en cada comida productos densos en nutrientes como frutas, verduras y cereales integrales.

También es crucial adaptar su alimentación para aportar la cantidad adecuada de proteínas, que son esenciales para mantener la masa muscular y la fuerza. Será necesario que consuman proteínas magras que contengan una baja cantidad de grasa, como las aves, el pescado, los huevos, las lentejas… Sin embargo, la calidad de las proteínas también es importante, ya que deben ser fácilmente digeribles. Esto permitirá prevenir la pérdida muscular y reforzará el tono muscular.
Debe prestarse especial atención a tener un consumo suficiente de calcio, vitamina D y vitamina B. Por eso, es importante consumir alimentos ricos en calcio (como los productos lácteos bajos en grasa, las almendras, las verduras de hoja verde) y asegurarse de una exposición al sol con protección solar. También hay que tener en cuenta la conveniencia de favorecer una alimentación fácil de masticar y digerir en caso de que la persona presente limitaciones físicas o dentales.
La suplementación
En algunos casos, pueden ser necesarios suplementos para compensar las carencias nutricionales, en particular de vitamina D, calcio y vitamina B12. Sin embargo, la suplementación debe considerarse como lo que es, es decir, un complemento de una alimentación que sea en sí misma equilibrada, y no como un sustituto. Se recomienda consultar a un profesional de la salud para establecer un plan de suplementación adaptado.
La hidratación
La hidratación diaria también es esencial en las personas mayores, ya que influye directamente en la absorción de nutrientes y en el mantenimiento de la salud. Con la edad, la sensación de sed disminuye, lo que aumenta el riesgo de deshidratación. Por lo tanto, es importante velar por un consumo regular de agua y líquidos. Además, el agua ayuda a facilitar la digestión, a transportar los nutrientes y a eliminar los desechos. Una hidratación adecuada también puede mejorar el estado de la piel, contribuyendo así al bienestar general.

Hydratis ayudará a tener una mejor asimilación de los líquidos y un aporte adicional de sales minerales y oligoelementos. Esto permitirá aportar energía. Nuestra solución está enriquecida con magnesio, potasio, sodio y zinc, minerales cruciales para este grupo de edad. El magnesio, por ejemplo, reduce la fatiga y mantiene el equilibrio electrolítico, favoreciendo así un metabolismo energético normal y un funcionamiento óptimo del sistema nervioso y muscular. El manganeso favorece un metabolismo energético saludable, protege contra el estrés oxidativo y favorece la salud de los tejidos conjuntivos. El potasio es crucial para el sistema nervioso, la función muscular y la regulación de la presión arterial. El zinc, por su parte, es un gran aliado para el sistema inmunitario.
Las personas mayores se enfrentan a necesidades nutricionales diferentes, especialmente en lo que respecta a su apetito y su capacidad para comer lo suficiente. Sin embargo, al adoptar una alimentación rica y variada, enriquecida con nutrientes clave, complementada con una hidratación adecuada, es posible atenuar estas carencias. En resumen, una nutrición cuidada y una hidratación apropiada son esenciales para preservar la salud y el bienestar de las personas mayores.
¡Buen provecho e hidrátese!
Bibliografía
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