La gripe es una infección respiratoria muy temida durante la temporada invernal. En efecto, aunque se cura en una semana y sin complicaciones para la mayoría de las personas, los síntomas que provoca son muy desagradables. Además, su transmisión a personas frágiles (personas mayores, inmunodeprimidas, asmáticas, etc.) las expone a un riesgo de complicaciones potencialmente graves. Entre los síntomas de la gripe, se encuentran una fiebre alta asociada a escalofríos, una tos seca, dolores musculares y un cansancio importante. Las complicaciones que puede provocar pueden ser respiratorias (neumonía) o el agravamiento de una enfermedad crónica ya existente (insuficiencia cardíaca, diabetes, etc.).
¿Cómo protegerse de la gripe?
La pandemia de COVID-19 familiarizó al gran público con lo que comúnmente se llama los “gestos barrera”: precauciones de higiene que permiten limitar la transmisión de los virus, como por ejemplo un lavado de manos regular. Su aplicación es, por tanto, igual de adecuada cuando se trata de prevenir la gripe. La prueba: en el invierno de 2020, esta última tuvo una incidencia muy reducida en comparación con otros años, lo que se explica en parte por la puesta en práctica de los gestos barrera, con por ejemplo el uso de la mascarilla o el distanciamiento social. Así, adoptar precauciones de higiene permitirá a usted y a su familia disminuir el riesgo de contraer una mala gripe.
Pero la vacunación sigue siendo a día de hoy el mejor medio para protegerse contra las gripes estacionales. Las vacunas antigripales son muy seguras y presentan muy pocas contraindicaciones. Si se vacuna este año, su riesgo de contraer la enfermedad durante la temporada seca se verá entonces claramente reducido y, además, participará en la protección de las personas más frágiles de la población, cuya inmunidad menos eficaz a veces responde peor a la vacuna. La vacunación antigripal está especialmente recomendada para las mujeres embarazadas, las personas mayores de 65 años o menores de 5 años, los enfermos crónicos y los profesionales sanitarios. Hable de ello con su médico.
¿Qué hacer en caso de gripe?
Si a pesar de sus precauciones, cae enfermo, habrá que adoptar los gestos adecuados para limitar la propagación del virus y recuperarse en condiciones óptimas. Así, desde el inicio de los síntomas, procure limitar los contactos cercanos con su entorno y el resto de la población, en particular con las personas frágiles. Seguramente tendrá que faltar al trabajo, para descansar y no hacer circular los virus responsables de la gripe: en efecto, estos se transmiten por las secreciones respiratorias intercambiadas entre las personas a través de la tos o de los estornudos. Un segundo modo de contagio consiste en la transmisión de los microbios por el contacto con objetos contaminados, lo que recuerda la importancia de lavarse bien las manos, incluso estando enfermo, para no propagar el virus en su entorno y no contagiar a sus seres queridos. Además, hay que cubrirse bien la boca y la nariz al estornudar, preferiblemente con el pliegue del codo, y sonarse en pañuelos de papel que se tiran inmediatamente a una papelera con tapa.
Para recuperarse en las mejores condiciones posibles, intente ponerse en un entorno tranquilo y relajante. ¡La consigna será el reposo, y durante todo el tiempo que haga falta! Si siente la necesidad, puede tomar analgésicos (siempre respetando escrupulosamente el intervalo entre dos tomas) para disminuir dolores de cabeza, fiebre y agujetas. Asimismo, se vigila regularmente la temperatura: si no baja al cabo de varios días o si los analgésicos no permiten aliviarla, se consulta sin demora al médico de cabecera.
La hidratación durante la gripe
La gripe suele ir acompañada de fiebre alta. Ahora bien, esta última expone a la deshidratación. En efecto, cuando se tiene fiebre, el cuerpo va a producir una sudoración exagerada como mecanismo para intentar eliminar el exceso de calor. Entonces eliminará fluidos en gran cantidad, lo que a veces viene a completar una deshidratación ya subyacente. Un buen estado de hidratación es, además, esencial para el buen funcionamiento de su sistema inmunitario.
Por estas razones, es primordial procurar beber mucha agua durante toda la duración de su gripe. También puede contar con los tés e infusiones a los que puede añadir miel para aliviar la garganta. Del mismo modo, intente consumir frutas y verduras de temporada, especialmente a través de sopas que le aportarán, entre otras cosas, hidratación, fibra, vitaminas… ¡y consuelo!
También puede apostar por soluciones de rehidratación
como las propuestas por Hydratis. Estas contienen sales minerales variadas y en gran cantidad, lo que aumentará claramente la absorción del agua por su cuerpo y le ayudará a alcanzar una hidratación óptima, al tiempo que repone oligoelementos.
Ya está prevenido contra la gripe del próximo invierno. Y no se preocupe, si esta infección no puede evitarse siempre, la aplicación de los gestos adecuados permitirá curarse rápidamente limitando su transmisión al resto de la población.